PODER ADULTO, PRENSA DE OCUPACIÓN E INDEPENDENCIA JUVENIL


      2.- MEDIOS DE COMUNICACIÓN E IMPOSICIÓN:

      El poder adulto dispone de unos potentes y permanentes medios de comunicar a la juventud lo que ha de pensar y hacer; de comunicarle impositivamente, es decir, de ponerle al tanto de lo que debe hacer, y siempre en un clima de presión psíquica fuerte y con amenazas abierta o solapadamente autoritarias. La juventud no dispone de ninguna alternativa ni posibilidad de contrarrestar ese aluvión de órdenes e imperativos. Porque no se trata de sugerencias ni de insinuaciones de lo que debería hacer o podría opinar; en casi todo lo relacionado con la vida cotidiana juvenil, son ordenes más o menos directas y crudas, pero siempre son mandatos. Las gamas de opciones que el poder adulto pone a disposición de la juventud sólo se amplían en lo relativo al consumismo pero para nada más. Y precisamente en esa amplitud de opciones estriba el mayor mandato autoritario de consumir lo más que se pueda.

      Sin embargo, a simple vista, parece que la juventud no padece esas presiones porque todo el edificio social está diseñado para dar la imagen de "libertad de comunicación". Para descubrir la realidad, hay que partir de lo arriba expuesto, es decir, que el poder adulto tiene tal eficacia que imposibilita que se vea la permanente imposición que se hace a la juventud. Y tal efectividad surge de que estamos ante una realidad diferente a la que existe en el mundo de los adultos ya que si bien en éste la minoría opresora también manipula a la mayoría oprimida, en el mundo de l@s jóvenes la realidad de la manipulación se mueve en otro plano totalmente diferente. Esta cuestión es básica para comprender luego qué son y cómo actúan los medios de manipulación contra la juventud. Cometeríamos un error insalvable si aplicásemos al mundo de l@s jóvenes la misma crítica que hacemos al de los adultos. Veamos en qué consiste lo esencial de esa diferencia, y lo haremos avanzando de los menos importantes y más obvios a los más importantes pero más desconocidos.

      2.1.- PRENSA ADULTA PARA JÓVENES ALIENADOS:

      Lo primero que observamos en cualquier kiosko o puesto de venta de prensa es que incluso la llamada "prensa juvenil" está en poder de los mayores excepto en muy contados casos, como algunos medios de muy reducida tirada. Y si analizamos las cadenas televisivas y las radios, el panorama empeora definitivamente porque ya en estos niveles el monopolio adulto es absoluto. Hablamos de poder adulto en general y no sólo de sus formas políticas diversas, porque las diferencias que se pueden observar entre estas opciones con respecto a la juventud son totalmente secundarias, por no decir inexistentes, y más aún cuando esa prensa defiende al Estado ocupante y al sistema patriarca. Solamente si existe alguna prensa revolucionaria o progresista, además de prensa estrictamente juvenil, puede la juventud encontrar un espacio para verse reflejada y para analizar su propia situación.

      En la prensa adulta, además del control económico y político absoluto, también actúa el control administrativo interno, el hecho de que l@s periodistas son trabajadores que deben obedecer la disciplina laboral de sus patronos. En este sentido, las empresas mediáticas escogen nuev@s periodistas si y sólo si asumen la línea editorial del medio, o en los casos en los que no sea fundamental por la naturaleza de ese medio, en estos casos también existen controles disciplinarios internos que anulan la independencia del/a trabajador@ en periodismo, o en la tarea que fuera dentro de ese medio. Como en cualquier otra empresa, el/la periodista joven debe cumplir con los objetivos de la empresa o será despedido o condenado a ese puesto durante toda su vida laboral. Pero en la prensa, y en lo tocante a los "problemas de la juventud" los patronos buscan ante todo la venta del producto, y por eso diseñan aquellas mercancías mediáticas más fáciles de vender como todo lo relacionado con la moda, con la música, con la sexualidad oficial, con el deporte y con las llamadas "aficiones juveniles". Se busca hacer una mercancía fácil, insustancial, de rápida obsolescencia, es decir, que se consuma y agote lo más rápidamente posible, que no exija atención y tiempo para leerla, y muy especialmente que no conciencie, que no cuestiones al poder adulto. Muchos colores, fotos, reclamos y ofertas de consumo y muy poca letra. Cualquier cosa que incite a la duda y a la reflexión es inmediatamente suprimida porque atenta contra el negocio y contra el poder.

      La situación empeora irremediablemente en los medios audiovisuales, en donde las características anteriores se agudizan al máximo. Exceptuando las radios libres, y éstas cada vez menos, el resto de esos medios está en poder no sólo de empresarios individuales, sino de grandes consorcios estatales e internacionales, lo que definitivamente cierra toda posibilidad de lograr siquiera una mínima presencia en los informativos y en los programas, menos la directamente diseñada e impuesta por el poder. Además, como veremos en su momento en Euskal Herria, la transnacionalización de la industria mediática abre enormes boquetes en la producción cultural de los medios autóctonos, brechas por las que entran en masa componentes culturales de las clases y naciones dominantes a escala mundial. Las repercusiones que ello acarrea en el tema que tratamos son directas y demoledoras porque la imagen de la juventud que esos medios empiezan a dar tiende a ser la imagen del poder extranjero, de la cultura extraña y opresora que se cuela inevitablemente por dentro de las mercancías mediáticas fabricadas en las grandes corporaciones exteriores. Así, cada vez queda menos espacio para los problemas del país concreto, y todavía menos para los de su juventud.

      Pero la prensa adulta estrecha aún más su cerco sobre la juventud porque además de imponer una imagen superficial y falsa de la realidad social, oculta los verdaderos problemas juveniles. La prensa pone en manos de especialistas burgueses los temas sobre socioeconomía, política, educación, cultura, drogas, represión, etc., que reflejan y defienden los intereses del poder. Solamente en el deporte, y porque la mayoría de los deportistas son jóvenes, pueden aparecer indirectamente algunas referencias de vez en cuando. Tanto en el deporte como en el resto de las "noticias económicas" que puedan afectar de algún modo a la juventud, lo que transciende de los medios de comunicación impositiva es la continuidad del modelo autoritario y del proyecto de vida impuesto por el poder adulto desde la primera infancia. El/la joven que lea esa prensa no puede encontrar sino diferentes opciones a modo de ramales o paradas interconectadas de un metropolitano, de manera que, estando siempre dentro de la muy vigilada red del metro, el destino último al que inevitablemente se llega es el impuesto por el poder ya que se coja el ramal, la dirección o la salida que se quiera, la que fuere, siempre el punto de llegada será el que el capitalismo ha designado, y siempre se seguirá bajo tierra, en el subterráneo del metro sin ver la luz de la libertad exterior.

      2.2.- PRENSA MANIPULADORA PARA JUVENTUD CIEGA:

      El símil del metropolitano y de la imposibilidad de sus usuarios de salir a la luz y el viento exteriores nos permite comprender mejor el papel de los medios de manipulación en el sentido de hacer creer a la juventud que sólo existe la luz artificial y aire de los ventiladores subterráneos. Dentro del metro, la gente puede hacer determinadas cosas, no todas desde luego, y puede pensar que es feliz y que está segura, pero no puede conocer la libertad exterior. Esa juventud ha nacido en los vagones y en las estaciones y la única prensa que ha leído es la de los anuncios de las paredes y recientemente algunas cosas que ha visto en las televisiones de algunos vagones y estaciones. Pero cree que lo que ha visto es una ficción, una creación artificial porque fuera de los subterráneos no existe nada de nada. En este símil, la prensa juega ya con la ventaja de que cuando el/la joven aprende a leer y a moverse en lo que cree que es la libertad ya está previamente alienad@ y enajenad@, como esas personas que han nacido en la cárcel y que han vivido tantos años dentro que cuando salen fuera están perdidas, desorientadas y atemorizadas, e incluso cometen algún "delito" para volver adentro.

      La ventaja de que dispone la prensa hace que, además, l@s nuev@s consumidores de la industria mediática estén del todo incapacitados para imaginar otros mundos posibles y, por tanto, otra prensa posible. Es decir, la prensa juega ya con una ventaja cualitativa porque no encuentra críticas ni dudas en la gran masa de la juventud, excepto en sus sectores concienciados. Pero no por eso la prensa deja de defender y reforzar la dominación del poder adulto. Hay que tener en cuenta que la prensa es sólo una parte de ese poder que sólo adquiere importancia paulatinamente, conforme avanza la socialización del ser humano y éste va ampliando sus relaciones con el entorno. Existen otros instrumentos del poder adulto más decisivos y poderosos que la prensa -orden familiar, sistema educativo, Iglesia, etc.- que intervienen desde el mismo nacimiento, y, en esta secuencia, la prensa ocupa un lugar relativamente tardío. Bien es verdad que por razones que no podemos analizar en detalle, cada vez se acorta más el tiempo que tardan l@s niñ@s en ponerse delante del televisor y que cada vez aumentan las horas delante de esta máquina, pero eso no hace sino aumentar las ventajas de la prensa al aumentar la intensidad y rapidez de la alienación, a no ser que los padres y el entorno sepan y puedan dañinos efectos.

      Los métodos que la prensa usa en el reforzamiento permanente del orden adulto varían según qué clase de prensa, etc., pero en esencia los más importantes no consisten en la defensa burda y descarada del poder adulto, aunque sí se procede a ello en momentos especialmente críticos, sino en, primero, dar por supuesto que no existe ninguna otra posibilidad de vida o ninguna posibilidad de alternativa para la juventud fuera de la sociedad existente; segundo, reforzar la legitimidad del sistema en todo lo relacionado con el orden capitalista, occidentalista y patriarcal, y allí en donde existe opresión nacional, como veremos en Euskal Herria, fortalecer los intereses de la nación ocupante; tercero, simular la existencia de "libertad juvenil" con una sobrecarga de supuestas alternativas de opciones diferentes, siempre dentro del consumismo establecido; cuarto, marcar las distancias entre "buena" y "mala" juventud en el sentido de que la primera es la que consume dentro del orden y la segunda es la que "delinque"; quinto, legitimar las profesiones de psicólogos, sociólogos, asistentes sociales y otras instituciones del poder adulto que trabajan en la desactivación de los componentes de resistencia que laten en la "rebeldía juvenil" y su posterior integración en la normalidad adulta, y sexto y como síntesis definitiva, preparar, exigir y jalear la represión por el poder adulto y/o por el Estado de la juventud revolucionaria.

      Estas y otras características se sustentan, como hemos dicho, en una ventaja cualitativa previa, y, a su vez, en los instrumentos de que dispone el poder adulto, y el Estado, para conocer y estudiar la situación de malestar soterrado o descarado de la juventud. No podemos separar las relaciones entre la prensa y el Estado, a las que volveremos más adelante, del papel que el Estado designa a la prensa tanto para conocer qué sucede dentro de la juventud como qué debe hacer la prensa contra la juventud para asegurar el poder adulto y, por extensión, al propio Estado. La industria mediática no es sólo una industria en el sentido clásico, también es un poderoso instrumento de comunicar órdenes y mandatos a la juventud, pero también a las personas mayores, a los padres, a los directores de colegio, a los especialistas en el control social y vigilancia de la disidencia juvenil, etc. La forma de envío de esos mandatos es la de escritos de opinión, ideológicos, cartas al director, editoriales, artículos especializados, debates públicos, etc. Es decir, son mandatos que no conciernen a los detalles concretos y particulares del comportamiento de los medios de control, sino a las grandes cuestiones de principios que deben ser periódicamente readecuados o endurecidos según los cambios, pues los detalles específicos ya corren a cargo de las instancias internas, ministerios y oficinas, colegios y educación privada, Iglesia y parroquias, cuarteles y comisarias, etc.

      La prensa, en este sentido, es un auxiliar ideológico, costumbrista, normativo y simbólico que refuerza la autoridad y la legitimidad del poder adulto no sólo sobre y contra la juventud sino también sobre y a favor de los adultos concretos, los padres, los maestros y educadores, los empresarios y la ETTs que explotan a trabajadores jóvenes, policías, etc. Muchas de estas personas buscan subconsciente y/o conscientemente en la prensa indicios, datos, noticias, referencias, artículos, etc., que les orienten y guíen en sus relaciones autoritarias con sus hij@s, empleados o subordinados. Una de las razones que explican la proliferación de culebrones televisivos casi siempre centrados en la familia o en la juventud, así como las noticias sensacionalistas sobre las relaciones sexuales de la juventud, etc., radica en esa necesidad de los padres por disponer de orientaciones y guías de interpretación provenientes del poder adulto. Pero no solamente esto, porque el propio poder adulto necesita mantener su coherencia interna aunque no haya directa relación opresiva con la juventud, es decir, el poder adulto también necesita mantener su ideología operativa, su alienación interna, y para ello desarrolla cada vez más programas dedicados a la "tercera edad" y a los adultos solitarios, pero el método más utilizado es, en televisión, el de los culebrones donde se mezclan diversas historias que interesan a todos los clientes potenciales de una familia particular.

      Naturalmente, esta capacidad de manipulación global se multiplica si hacemos un estudio de las radios, con su poder de acceso a lugares y momentos a los que no llegan ni la televisión ni la prensa escrita. Y cuando introducimos en el análisis ese sin fin de prensa-basura, sensacionalista y amarilla llamada "del corazón", entonces vemos la masa de órdenes simbólicas, de verdadero imperialismo normativo, que a diario cae como un diluvio en la mente sobre todo de las madres y de las mujeres adultas y también jóvenes. Prácticamente en todos los domicilios hay revistas de esta basura, y su eficacia alienadora supera a las madres y contamina a las jóvenes y al resto de la familia, revistas que luego pasan frecuentemente a otros miembros de la familia o a otras amigas. Tenemos también otra mucha prensa que va desde la moda selecta hasta revistas religiosas o de bricolaje, deportivas, aventureras y de viajes, etc. No hace falta insistir más en estas cuestiones porque comprendemos fácilmente la ingente carga ideológica que transmite todos los días dentro de casi infinitas formas y reclamos que engarzan directa o indirectamente con los niveles profundos de la estructura psíquica de masas. Un ejemplo de esto lo tenemos en la proliferación en la prensa escrita "seria y respetable" de los apartados dedicados a "consultas de salud", de "consejos psicológicos", de "ayudas a las relaciones familiares", de "recetarios de alimentación", "consultorios amorosos", etc.; apartados en los que especialistas burgueses responden a preguntas de lector@s reales o fals@s.

      Habitualmente, las críticas progresistas a la industria mediática no llegan a estos niveles, sino que se limitan a la denuncia del consumismo y de la manipulación político-ideológica y, a veces, cultural, pero se deja de lado ese océano de alienación que sumerge la vida cotidiana en un universo de obediente pasividad. Peor aún, cuando buceamos más al fondo de ese océano y llegamos a los fondos de las raíces de la estructura psíquica de masas, y en especial la de las mujeres, es decir, cuando llegamos al problema del terror simbólico-material aplicado a la infancia para convertirla en jóvenes alienad@s y envejecid@s, entonces esta problemática desaparece prácticamente de la inmensa mayoría de investigaciones críticas. No nos debe sorprender, por tanto, que la juventud no tenga ni idea de la gravedad de los medios de comunicación impositiva y manipuladora del poder adulto. Una juventud ciega porque nunca ha visto la luz ni sentido el aire fresco de la intemperie pues, desde que nació, malvive en el subsuelo de la realidad, creyendo que está en los cielos pero sufriendo en las profundidades del infierno, aunque sin saberlo. Y no lo sabe, entre otras cosas, porque la prensa se lo impide.

      2.3.- PRENSA CONSUMISTA PARA JUVENTUD DEPENDIENTE:

      La industria mediática es en el capitalismo actual una muy poderosa fuerza de alienación que utiliza las mercancías que produce masivamente para reforzar tanto el poder como fortalecerse a sí misma. Ahora resulta bastante fácil acceder a críticas radicales y rigurosas de esta industria transnacional y de sus efectos alienadores, pero es muy difícil encontrar investigaciones críticas sobre sus efectos en y contra la juventud. Esto es debido a que la inmensa mayoría de esos investigadores, además de ser hombres y no prestar apenas atención a la opresión de la mujer, son todos ellos adultos y mayores, y han asumido quiéranlo o no la lógica del poder adulto, al que no investigan ni critica. La crítica general es la de denunciar la propagación del consumismo compulsivo en la juventud, cosa cierta e innegable, pero apenas se profundiza algo más.

      Pero el consumismo es sólo una parte de un proceso global que nació con el capitalismo en forma de consumo suntuario y de lujo, que fue creciendo conforme crecía la burguesía, que empezó a extenderse a las clases trabajadoras con sueldos altos y medios desde finales del siglo XVIII en las zonas desarrolladas del capitalismo europeo y norteamericano, que dio un salto a mediados del siglo XIX con la aparición del dandismo como moda de comportamiento, que desde entonces y sobre todo a finales del siglo XIX ya penetraba en las clases trabajadoras industriales y que, por no extendernos, desde mediados del siglo XX en los EEUU y algo más tarde en Europa, fue un proceso imparable que ha llegado en la actualidad a diversas formas y niveles de consumismo según no sólo la disponibilidad económica del "consumidor" sino sobre todo según el papel y el sentido que otorgan al consumo los diferentes bloques clasistas.

      No es éste el sitio para analizar el papel del consumo en el proceso entero de producción de mercancías, su circulación y venta en el mercado, y la realización última del beneficio que esa producción y venta ha dejado. En este circuito, vital en el capitalismo, el consumo es un momento imprescindible. Pues bien, conforme se agudizan las contradicciones dentro de este modo de producción, aumenta su importancia, y se dedican cada vez más cantidades de capital a asegurarlo e incrementarlo. La industria mediática tiene una de sus funciones estructurales en esta tarea, y sin ella, esa industria sería claramente deficitaria y a la vez, sin ella, el capitalismo tendría que buscar otros medios de impulso del consumo.

      Por tanto, la industria mediática tiene para el poder capitalista, como mínimo, seis funciones básicas: una, ser una rama industrial especialmente vigorosa que atrae y da salida a capitales ociosos e improductivos; dos, al se una rama expansiva sirve de empuje a otras o al menos a la tasa media de beneficio, y en especial empuja el desarrollo tecnocientífico en las telecomunicaciones y otras variantes; tres, es una industria con un neto contenido relacional con el poder establecido, y en especial con el ideológico y legitimador en lo político y militar, es decir, en el imperialismo; cuatro, también, por la naturaleza del producto mercantil que lanza al mercado, tiene un nítido efecto de opresión cultural en base a la expansión de la cultura imperialista, y, dentro y fuera de su Estado-cuna -los EEUU, Gran Bretaña, Alemania y Japón, fundamentalmente, y a otra escala el Vaticano-, tiene un claro efecto normativo e impositor de pautas de comportamiento, además de un terrorismo simbólico en muchas cosas; cinco, por éstas y otras características secundarias, es una industria que a la vez actúa como instrumento de control social ya que saber qué piensa , qué siente y qué necesita --según el negocio burgués-- "el mercado" y "el consumidor", acceder a estros conocimientos, es imprescindible para cumplir los puntos anteriores y otros más, y último, seis, en los Estados que oprimen a naciones ocupadas, esa industria adquiere una mayor importancia política y de control y vigilancia, por razones que veremos luego.

      Es obvio que estas y otras características no sólo se presentan en otro orden diferente al aquí expuesto dependiendo de los países, necesidades capitalistas, resistencias y luchas populares, pugnas internas al capitalismo, etc., sino que además de interrelacionarse sinérgicamente según las exigencias y momentos, también tienen internamente tres características que les recorren, además de su contenido burgués, como son su contenido patriarcal, su contenido racista y de opresión de los pueblos, y su naturaleza de poder adulto. Aquí sólo podemos analizar su naturaleza adulta que, muy lógicamente, guarda una irrompible relación con el sistema patriarcal y con la opresión nacional. Pues bien, después de todo lo visto, podemos ver las seis principales funciones que cumple el consumismo global que masivamente lanza la industria mediática tanto en la opresión juvenil como en el fortalecimiento del poder adulto:

      Primero: el consumismo como chantaje, premio y recompensa al buen comportamiento del/a niñ@ al aceptar y cumplir las órdenes adultas. Desde un caramelito o chocolatina en cualquier momento hasta los regalos de Olentzero, pasando por el resto de la vida cotidiana, el consumismo como chantaje y/o premio es una práctica oficial, permanente y asumida por todo el poder adulto. Pero lo más dañino no es la materialidad del chantaje y del premio, aun siéndolo, sino sobre todo la demoledora carga de chantaje y amenaza afectiva y amorosa que tiene para el/la niña ese método, provocándole una angustia y una ansiedad psicológica inhumana, cuando no un terror profundo que destroza su progresiva autoestima y autoconstrucción personal. Así, se impone en su estructura psíquica en formación una identidad falsa entre la felicidad y la seguridad afectiva, por un lado, con el consumismo y la obediencia al poder adulto por otro lado. Impuesta esta identidad, el resto es fácil.

      Segundo: el consumismo como modelo de vida que se va asumiendo conforme el/la joven ya ha anclado inconscientemente la identidad anterior, y pasa a asumir que "cuando sea mayor comprará todo lo que quiera y/o pueda". Como ya ha interiorizado la alienante identidad entre consumismo y seguridad afectiva obediente, y como va viendo que es el poder adulto el que tiene los recursos económicos necesarios para el consumismo que desea, facilitándoselo, regulándoselo o negándoselo, en esa dinámica suya y de sus amig@s -dinámica objetiva que el/la joven no puede cuestionarse- interioriza que de algún modo su modelo de vida girará alrededor del consumismo, aunque sea un modelo aún totalmente borroso e impreciso, abstracto. Pero es ese modelo el que le lleva a pararse ante los escaparates, fijarse en los anuncios y, sobre todo, comparar subconsciente o conscientemente el consumismo suyo con el de sus amig@s, resultados que transmitirá inmediatamente a sus padres de forma directa o indirecta. No hace falta decir que muchos de los primeros hurtos y robos en tiendas o en la misma casa, tienen como objetivo urgente suprimir la vergüenza que le atormenta por los resultados de esa comparación. Tampoco hace falta insistir en los efectos sobre la autoestima, sobre la obediencia y sumisión al poder adulto, que no sólo a los padres, etc., que surgen de esa dependencia.

      Tercero: el consumismo como exigencia del poder adulto a la juventud para que se comporte como juventud integrada, envejecida. No se trata tanto, en esta fase, de la continuidad del consumismo como modelo adulto a lograr, que sigue siendo válido, sino que además, los padres y el poder adulto presionan ya conscientemente para que sus hij@s demuestren con sus gastos, con sus ropas, con sus hábitos diarios que tienen una solvencia -un "triunfo en la vida"- uno o dos puntos por encima del gasto medio usado en su contexto social y clasista objetivo. Multitud de madres y padres reducen su consumismo para aumentar el de sus hij@s pues, entre otras cosas y por diferentes razones, la imagen exterior e interior oficial del/la joven es ya imprescindible en y para el mercado de trabajo, mercado matrimonial y mercado relacional sexo-afectivo. Se refuerza así el terrorismo psicológico y afectivo introducido desde la primera infancia y reforzado posteriormente ya que el poder adulto margina, desprecia y reprime a la franja juvenil que no acepta ese comportamiento para, al rechazarlo, muestra ya sus avances en la desalienación emancipadora.

      Cuarto: el consumismo como dictadura impositora de la mercantilización totalitaria de la vida juvenil. Por ejemplo, cuando hablamos de mercado relacional sexo-afectivo, tan importante en esta edad y siempre, -que funciona con categorías diferentes al mercado matrimonial por mucho que sermonee la cínica hipocresía cristiana- la juventud alienada empieza ya a valorar todas las relaciones desde las cadenas inconscientes y subconscientes ancladas a lo largo del proceso descrito, de manera que el complejo irracional compuesto por la mezcla de angustias afectivas y psicológicas, necesidades de atención, dependencia y necesidad de autoridad protectora, necesidad de reafirmación siempre dentro de este mundo de chantajes y competiciones, aceptación incondicional de los "valores femeninos" o machistas, y la identificación en el inconsciente de todo este mundo con la necesidad irracional de dinero como medio de reafirmación mediante el consumismo exteriorizado, semejante totalidad es en sí misma inseparable de los métodos estereotipados y tópicos de comparación, valoración y elección de las relaciones interpersonales aunque estas parezcan ser libres e incondicionadas. La mercantilización de la existencia, inseparable de la centralidad psicológica del consumismo, termina dominando y guiando los procesos de elección de las relaciones sexo-afectivas, que son sentidas inconscientemente como instrumentos de ascenso en las relaciones interpersonales, mercantilizadas igualmente.

      Quinto: el consumismo como sistema de "liberación" de las angustias y recuperación de la autoestima, logro fugaz y pasajero, contraproducente e ilusorio --pero sentido como "real" y de alguna manera efectivo-- frente a todos los traumas y fracasos anteriores, de modo que mediante una u otra vía, el consumismo se presenta como la única o al menos la más importante y relativamente fácil recuperación de la autoestima debilitada por los fracasos en esa alocada competición incontrolable. No importa tanto aquí la cantidad y calidad del consumo, cuanto el llenado de un vacío subjetivo, interno, y su ostentación externa por muy corta que sea en el tiempo. Según el contexto social y clasista e intentando siempre cumplir la orden consumista uno o dos puntos por encima de la media contextual, el/la joven dependen del consumismo como medio de recuperación de su autoestima. Pero lo peor de esta dictadura es que, a la fuerza, tal dependencia psíquica es simultáneamente aceptación obediente del orden y aceptación acrítica de las normas, valores y códigos mentales y corporales, lingüísticos y culturales burgueses inseparables de las mercancías producidas por la industria mediática.

      Sexto y último, el consumismo como medio de control social en manos no sólo de la industria mediática sino del poder adulto y del Estado, y cuando existe además opresión nacional, dicho control social también es sistema de vigilancia específica sobre la juventud revolucionaria independentista, como veremos. Ya hemos visto que el consumismo delata a quien no lo practica o practica, pero además de que esa delación es objetiva y manifiestamente visible por las formas de vestir, gastar, comportarse, etc., también es un control social además de permanente preventivo y adelantado, es decir, por un lado, la industria mediática y en general toda la industria capitalista tiene que saber el estado de la juventud y, por otro lado, debe intentar adelantarse todo lo posible para descubrir además de las tendencias previsibles y manipularlas, o lanzar otras diferentes, también adelantarse a la competencia en el mercado consumista proveniente de otras empresas capitalistas. La necesidad del control social de la juventud abarca a la totalidad de sus actos y pensamientos porque el capitalismo los convierte y cosifica en mercancía y en beneficio. Para eso mismo, para ganar más, tiene que aumentar su conocimiento del amplio y creciente "mercando juvenil" en el que desde los sentimientos paterno-filiales -regalo del "día de la madre"- hasta la sexualidad -consumismo erótico-pornográfico- y terminando en el matrimonio -regalos y gastos de boda-, además de otras muchas cosas, todo está en función del precio en el mercado material y simbólico capitalista.

      Pero esto es sólo una parte del problema, y no la más importante porque la decisiva es la del control social realizado por el poder adulto y por el Estado burgués. Del control que necesariamente realiza la industria mediática se pasa indefectiblemente al control social realizado por el poder adulto y también por el Estado mediante sus aparatos exclusivos de control, vigilancia y represión. No podemos profundizar aquí en las diferencias entre el control ejercido por el poder adulto y el ejercido por el Estado porque desborda los límites de este apartado. Pero no los del siguiente en el que sí analizaremos la ayuda de la industria mediática al control social adulto y estatal en una nación oprimida como en la vasca. La diferencia básica entre el control de la industria mediática y el del poder adulto y estatal, radica en que este segundo tiene, por una lado, bastante mayor concreción individual, yendo a por l@s jóvenes no aborregad@s, señalándol@s, marginándol@s, marcándol@s y separándol@s del resto; por otro lado, avanza decididamente en el camino que comienza en el control social de toda la juventud y culmina en la represión de l@s jóvenes revolucioari@s, con la puesta en marcha de los sistemas de vigilancia específica de l@s más concienciad@s, autoorganizad@s y militantes del bloque de no aborregados, sometiéndol@s a una vigilancia cotidiana más precisa y rigurosa, y a un desprestigio y hasta persecución más dura e implacable, cargada de amenazas más duras que al resto, a l@s obedientes; y, por último, cierra ese camino con la aplicación de diversas represiones y castigos según sea el poder adulto o el Estado el que golpee, o ambos a la vez, cosa que sucede con más frecuencia de lo creído.

      Vemos, para acabar, que la industria mediática genera por su misma naturaleza consumista una dinámica objetiva y creciente de alienación y opresión de la juventud, dinámica que se extiende a la fuerza al control social realizado por esa misma industria mediática, y en general por toda la economía capitalista. Ahora bien, no podemos ser tan ilusos como para creer que el poder adulto y estatal permanecen al margen, pasivos e indiferentes ante los resultados obtenidos por ese control y ante las posibilidades de vigilancia y represión que se le ofrecen por si mejora en intensidad, extensión y cobertura ideológico-propagandística, manipuladora, todo el proceso que va del control social a la represión directa pasando por la vigilancia. Como veremos inmediatamente después de esto, la industria mediática se convierte en una pieza clave de todo este proceso, sobre todo cuando se aplica contra una nación ocupada.


      3.- INDUSTRIA ESTATAL POLÍTICO-MEDIATICA

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